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“El lugar que sirve como la estación emocional para toda la información que llega desde los distintos circuitos dedicados a las emociones se encuentra al final de todos esos caminos neuronales en dos conjuntos celulares conocidos como ínsulas. Sin embargo, ha sido en la ínsula derecha frontal donde los científicos han encontrado más actividad emocional. Todas estas regiones están conectadas a través de las enormes células spindles [células directamente involucradas en la producción, organización y manipulación de los sentimientos, las emociones y el sentimiento de moral, ubicadas la mayor parte de ellas en la ínsula derecha frontal] y otros circuitos neuronales que se encargan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones. Estas células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, poseen un mapa sentimental de lo que ocurre en el cuerpo internamente y lo que pasa en el mundo externo. La enigmática región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias y decepción o cuando sentimos incertidumbre frente a ciertas recompensas. También cuando nos avergonzamos y, si se trata de una madre, cuando escucha a un bebé llorar. En esta área también encontramos otra región en donde se almacenan los recuerdos autobiográficos y donde hacemos conciencia de que somos una persona, un ser humano con nombre y pasado y que nos desplazamos en el espacio-tiempo que caracteriza el universo en que vivimos. La conciencia y la moral se alojan en estos lugares”

Sandra Blakeslee
Hawkins, J. y Blakeslee, S. (2005). Sobre la inteligencia. Espasa Calpe: Madrid.

La línea que separa la locura de la cordura es más delgada de lo que imaginamos. Nunca ha sido visible, aunque todo el mundo la sitúe. Si Sancho la hubiese medido a tiempo, Quijote no habría tenido escudero, y si este último la hubiese acotado, Cervantes seguiría preso. Y ni labriego ni Caballero ni escritor serían leyenda. Cada uno apostó en su empresa, en su particular aventura. El primero anhelando un futuro lejos de la azada, el segundo persiguiendo un sueño de amor y justicia, y el tercero creando un estilo inmortal.

La línea que separa la razón de la emoción no debe ser tal, no debiera existir, debieran convivir. Las ínsulas de reil ayudan a que esto ocurra, y en esa isla de conexión es donde nosotros nos desenvolvemos, donde queremos estar y a donde os queremos llevar.

Manolo

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