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Eduardo Chillida acuñó una frase que su mera lectura sienta cátedra. “En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, dibujar es hermoso y tremendo.”

Esta frase podría describir perfectamente la exposición “Juego a dos”, de los artistas extremeños José María Larrondo y Emilio Gañán. Una exposición que adquiere una dimensión conceptual sobrevenida por la altura de miras de ambos virtuosos del dibujo.

Y es que, es en el dibujo donde establecen conexiones sin palabras, de manera directa, individual, sin grandes pretensiones, pero con perfecto sentido y criterio. Conexiones entre ambos artistas sin estar guionizadas; entre público y obra con múltiples interpretaciones; entre lo público y lo privado como catalizadores de oportunidad; entre el pasado y el presente para no anhelar fatuo futuro; entre el ordenado caos de Gañán, y el desordenado equilibrio de Larrondo.

Conexiones, en definitiva, que unen las alegorías de sus representaciones en un pulso sin punto de apoyo. Un pulso medido durante toda la obra sin necesidad de metrónomo, ante la evidente simbiosis que demuestran los enlaces de sus representaciones. Pulsos al compás de la sutileza de las líneas, de los símbolos y la narrativa breve encerrada en cada cuadro. Micorrelatos plásticos de sencilla pureza. Lo que ves es lo que hay. Lo que hay es más de lo que observas.

 

Antes de saber expresarse de otra manera, el niño se comunica pintando. Primero rompe “lienzos”, luego los raya, los colorea y finalmente expresa en forma de dibujo lo que su bullicioso cerebro infantil erupciona a través de las inquietas manos de crío.

La evolución de ese talento creativo con el paso de los años, permite muestras como ésta, donde dos son multitud.

Manolo

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